El cannabidiol (CBD) ha pasado de ser una rareza de laboratorio a un fenómeno mundial.
Se le atribuyen todo tipo de propiedades, desde calmar el dolor hasta “curar” enfermedades.
Las flores de CBD son un producto natural.
Contienen aceites esenciales y cannabinoides que se degradan con la exposición al aire, la luz o la humedad.
Una mala conservación puede hacer que pierdan aroma, potencia y sabor.
Cuando ves “10%” o “20%” en un aceite o flor de CBD, se refiere a la concentración de cannabidiol en el producto. Esa cifra determina la intensidad de los efectos, y elegir bien puede ser la diferencia entre una experiencia suave y otra demasiado fuerte o inefectiva.
Aunque el CBD (cannabidiol) y el THC (tetrahidrocannabinol) provienen del cannabis, sus efectos y usos no podrían ser más diferentes. Ambos interactúan con el sistema endocannabinoide, una red de receptores en el cuerpo que regula funciones como el sueño, el estado de ánimo, el dolor y el apetito.